Corría el año 1959 y se cumplía un lustro desde la constitución de la Sociedad “Gure Txoko” cuando el artista bilbaíno Luis de Lerchundi pintó el mural que plasma una de las alegorías más representativas del Bilbao de mediados del siglo pasado. La pared sobre la que se asienta contiene las escaleras que conducen a la bodega, por lo que sus medidas son irregulares, aunque se puede concluir que alcanza unos ocho metros cuadrados. A esta superficie habría que añadir algunas extensiones por otras paredes colindantes, cercanas a la puerta de entrada. En todo caso se trata de una obra muy acorde con el estilo de este artista que dejó su impronta en varias series de dibujos de la Ría y del valle de Arratia, realizados a plumilla y recogidos en una exquisita colección de postales.

El 5 de Abril de 1959 y en el transcurso de una comida, como no podría ser de otra manera, la Sociedad Gastronómica “Gure Txoko” cumplió el acuerdo de su Junta Directiva de 6 de marzo por el que se aprobaba “nombrar socio de honor a Don Luis de Lerchundi con motivo del valioso obsequio artístico que ha concedido a la Sociedad, realizando una valiosísima obra de arte en las paredes del txoko”.

El mural recoge los hitos arquitectónicos mas característicos del Bilbao de la década de los cincuenta, con la Ría y sus muelles abogarrados de buques y algún que otro angulero; las fábricas siderúrgicas con sus chimeneas vomitando humo negro; los chalets escalonados en la colina de Artagan y las nuevas construcciones que arañaban los cielos del Botxo, y el Casco Viejo, sobre cuyos tejados pululan una serie de gatos blancos y negros.

En la obra de Lerchundi también están presentes las iglesias como San Antón, la Catedral o la Basílica de Begoña; el puente de San Angtón y el de Portugalete; la estación de Atxuri y el fundador de la Villa, Don Diego, y los montes y el mar. De los montes, el artista hace bajar a los lobos que atacan a las ovejas y en el mar retozan las ballenas que ocupan los blasones de nuestros pueblos pesqueros. Tampoco se olvida de las minas y de los cargaderos de mineral que desembocaban al borde del mar.

Luis de Lerchundi y Sirotich (Bilbao, 1888) fue un artista polifacético. Vivía en la plaza de Indutxu, en la que es conocida como “la casa de los aldeanos”, que él mando construir al arquitecto Adolfo Gil. El edificio debe el nombre a las pinturas que adornan sus fachada y que más de uno ha adjudicado su autoría a alguno de los hermanos Arrúe, aunque parece ser que fueron realizadas por el pintor alavés Jesús Arraiz, con el que el propio Lerchundi ejerció como mecenas.

Con ser importante la obra pictórica de Lerchundi, su nombre siempre será reconocido por su aportación al arte de los vidrieras. Fue uno de los tres fundadores de la empresa bilbaína “Vidrieras de Arte S.A.”, en noviembre de 1917, junto con el maestro vidriero Felix Cañada Belfo e Isidoro Delclaux como socio capitalista. De su ingenio nacieron obras bien conocidas por los bilbaínos, como la cúpula del Hotel Carlton o vidrieras tan populares como las de los cafés Boulevard e Iruña y la pastelería New York.

 

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